ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

martes, 9 de abril de 2019

JUAN GRIS, LA GRANDEZA COMEDIDA DE UNA GRAN OBRA


Una de las obras de Juan Gris.





JUAN GRIS, LA GRANDEZA COMEDIDA DE UNA GRAN OBRA



El artista madrileño es considerado como el más genuino de los pintores cubistas aunque se le tenga, frente a Braque o Picasso cofundadores del movimiento, algo relegado. La fama de los otros dos, de Picasso sobre todo, lo ensombrece inmerecidamente. El Cubismo fue la culminación de un proceso que tuvo origen en el impresionismo y que marcaría el camino hacia la abstracción, un revolucionario modo de pintar que renunciaba a la perspectiva y al naturalismo renacentista. Juan Gris precisó y concretó el movimiento, a través de un fundamento firme de la pintura, al dotar a su obra de una conformación de admirable unidad partiendo de una cabal estructura geométrica. De todo ello se recoge, ejemplaridad, emoción y poesía, sosiego. Digamos que reformula el movimiento a partir de 1913, llevándolo a su mayor integridad, armonía y fundamentación teórica. Ahí su gran labor.

Juan Gris, al llegar a París en 1906, alquiló un taller en el mismo edificio donde lo tenía Picasso, encontrándose con un ambiente propicio para sus ilusionantes fines creativos. En 1912 comenzó a mostrar tímidamente sus cuadros. Éstos poseían gran armonía, rigor, y esa conformidad o ejemplaridad de la que hablábamos antes, conseguida a través de la fragmentación de la imagen, de la creación de un cromatismo sumamente contenido, y de hallar la geometría de las formas establecidas, en él claramente rigurosas. De este modo logró desarrollar un método disciplinado propio donde combinar y conciliar imaginación y leyes de composición, en una matemática que le ayudaba a mantener la organización arquitectónica de la obra. Así logró crear, de lo abstracto de la geometría y los colores planos, la necesidad de objetivación del espectador: signos, trazos, papier collé, letras estarcidas, periódicos, telas, collages… Con ello pretendía que las miradas que llegaran al cuadro fueran a través de narraciones poéticas, juegos alegóricos, correspondencia entre formas y figuras: “Hacer de un blanco un plato, de un rojo una botella, de un negro una sombra…”.
Con el tiempo, el color adquiere en él más viveza, y las obras serán más líricas incluyendo en ellas el exterior, la vida orgánica, y la curva. Perseguía con esto, más que un procedimiento pictórico al uso, una determinada estética, un arrojo, un estado anímico más dinámico y rítmico. Lo consiguió, logrando contribuir ese trabajado bagaje la pervivencia del movimiento cubista, por fortuna para todos pese a vivir tan solo cuarenta años, falleció en París por culpa de una deteriorada salud debida a la bronquitis y los fuertes ataques de asma que padecía. Pero tuvo tiempo suficiente para acrecentar el acervo pictórico con la plasticidad de una obra excepcional, especialmente sugestiva.


Barcelona, Abril de 2019.
©Teo Revilla Bravo.


6 comentarios:

  1. Cuando quieres eres brillante con tus letras

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  2. Hola, Teo
    Soy Ignacio González (aunque aparezca anónimo) y quiero comentar acerca de esta breve reseña de Gris que es efecto, tal vez él mismo se haya relegado ante dos grandes cubistas.

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    1. Bien pudiera ser, amigo Ignacio. A veces la timidez nos juega malas pasadas, y ellos dos eran grandes y conocidos ya.
      Gracias por tu presencia. Un abrazo.

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  3. Lo has expresado maravillosamente, Teo. Sólo puedo añadir que, quizá por lo que brillantemente expones, a mí Gris siempre me impresionó y emocionó particularmente. Casi me atrevería a decir que más que Picasso y Braque en esta forma de expresión que los unió para la historia del arte.

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    1. Y yo estoy muy de acuerdo contigo, amigo Francisco. Es como si me diera "pena", cuando pienso en Gris, porque en este caso como en tantos se apaga la labor del discreto y se celebra la del fuerte. Para mí también fue el más genuino del grupo.
      Un abrazo y buenos días.

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