MADRE
Aún concebido el aliento como unicidad umbilical
inquebrantable, poco a poco muere en mí el instante desde la
fecundación contigo indivisiblemente mantenido: lo que estaba junto se desintegra en la nebulosa de una profunda
grieta, abierta sobre la inercia cruel del destino.
La sangre salpica la tensión que deja la
tristeza esta tarde, mientras hablas y hablas, sin que te entienda nada, mirando el entorno del lugar asombrada, mientras te niegas tozuda a la ingesta de pastillas o a la de
la leche con galletas de las cuatro y media de la tarde preparada.
Te vas madre.
Dices adiós calladamente sin que desees que se note. Discreta, sencilla, valiente, y
bondadosa como has sido siempre. Te vas, no sé si alterada, intranquila,
o conformada con este entorno de desconcierto y desencanto que te rodea. Me es difícil adivinar lo que sucede por tu cabeza envuelta en noche, y en recuerdos sembrados y
recogidos en felices alboradas de ilusión y vida.
Apenas unos momentos por la mañana, por la tarde o durante el fin de semana, amparan tu soledad. No hay momento para más. Apenas unas palabras mal enhebradas con unos y con otros entre sonidos de canciones
trasnochadas que suenan machaconas en medio de la sala con el propósito de
amodorraros un poco más sobre las usadas tumbonas, te alientan y cobijan; apenas unas sonrisas mal
dibujadas, tibias, trémulas y rotas, que se pierden al instante; apenas, en fin, unos imprecisos pasos por el salón, el pasillo, el patio, o el anexo parque.
Ida la memoria, palpitas desorientada fuera de destino buceando entre tus cosas de la cabeza queriendo hallar sentimientos, buscándote en ellas por oscuros rincones sin lograr hallarte Ahí estás. Envuelta y perdida entre el
ir y el venir de cuidadoras afanadas, entre batiburrillos de objetos y
regalos que nada te dicen, entre fotografías familiares colgadas en la pared junto a la cama para evitar que no olvides, imágenes inconexas ya para ti que te cercan, te
asolan y empequeñecen en la habitación del adiós. Perdida, sí, reclamando implorante unas gotas de luz y dicha, relámpagos de comprensión que como besos bailen y jueguen alegres por tus apagados ojos tristes.
La tierra, que se abre un poco más con cada respiro que das, espera
tu regreso al absoluto con el arrebato que salpica el anuncio de la muerte hecha realidad en tu enrevesada mirada. Y yo me quedo un día más, con cara de bobo enfadado que no entiende nada, sin lograr retenerte. Te escapas de mis brazos. Te ausentas poco a poco en
medio de un oleaje abrumador que no es otra cosa que ondulaciones y exhalaciones llenas de melancolía, contenidos arrebatos que todo lo pueblan, lo
enrabian y desvanecen.
Tu hermoso gesto se fue nublando, clandestino
e íntimo, en el final de una noche larga que poco
a poco,madre, en ti se desgaja.
Inclinas sobre la mecedora de mimbre hacia un lado
la cabeza, te acurrucas, te adormeces,
te anonadas. No quieres ver la realidad que se apaga,
ni el triste salón donde niña perdida en los desvanes
oscuros de la conciencia quedaste sentada.
Maltrechos deseos, foscos instantes, pesarosos
marasmos, vanos cabeceos, humanos desastres.
Desconocidos son hoy esos ojos que me miran
con la luz gris de un callado reproche:
“No me dejes
sola entre gentes que no conozco.”
Y lo dices removiéndote rebelde con risa nerviosa,
mareada y aturdida en un oleaje voluble y nebuloso
del pálido sinsentido que por momentos parece
recobrar la razón. Ante esa mirada desorientada
que me observa expectante, hoy como ayer siento
desprotegerte de algún modo, dejarte sumida
entre recelos marcados por pasos acelerados
de nerviosas pero atentas auxiliares.
Clamores, risotadas, sonoros hipos, lloros,
inconexas palabras, perdida del sentido...
Presagios de fríos vientos, nieves y tormentas,
aproximan letales inviernos.
No; no apagues la lágrima esta tarde,
déjala que resbale por la luminaria de tu rostro
y se deslice radiante hasta mi mano,
pues todo eso que ahora te digo y me digo, madre,
tiene que ver con el desastre lamentable,
del preludio de la eternal despedida.
“SOLEDADES” (Provisional)
Cuaderno XVIII. (2013- 2014)
©Teo Revilla Bravo.
Fue duro verla disolverse en sus propios recuerdos, fue duro para ella al comienzo, los olvidos, las palabras que fallaban, los nombres que no llegaban pero ella dulce como siempre te recibía con una sonrisa, sabía que estabas allí por ella y se dejaba querer... luego se alejó más y más hasta que los sueños le abrieron otras puertas. Quizás si hay otro plano, sea allí donde ella recupere todo lo perdido y observe desde lo alto a todos sus amores. Porque madre se es siempre, hasta en la ausencia. Besos
ResponderEliminarEmocionadas palabras, Karyn Huberman ¡Qué decirte si viviste a mi lado esos últimos años de su vida! Gracias por unirte a este pequeño homenaje. Fuerte abrazo.
EliminarNo siento pudor alguno al reconocer que me has conmovido hasta nublar mi mirada con humedad emocionada. Resulta muy duro ese retrato de un proceso de despedida recorrido entre las nieblas de la memoria desvanecida que va preparando con dureza a la inevitable distancia entre dimensiones diferentes que finalmente consolida la muerte... Me resulta muy difícil expresar todo lo que me has hecho sentir y no dudo que, de una u otra forma, hiciste sentir a la madre que se llevó todo el amor que alguien de tu calidad humana y sensibilidad pudo y quiso aportarle. Gracias por permitir que los amigos compartamos esas nobles emociones que nos hacen más humanos y mejores personas. Abrazos, Teo.
ResponderEliminarFrancisco, gracias por tus palabras que quedan y refuerzan lo expresado en el pequeño escrito. La verdad es que, cuando tuvimos que internar a mi madre perdida completamente su memoria, fue un dolor inclasificable y un sentimiento encontrado al no saber si hacíamos bien o no los hijos al dejarla al cuidado de una residencia. Permanecimos a su lado todo lo posible. No obstante... En fin, hubo dolor dolor producido por una situación que se nos escapaba de las manos, amén de saber que la perdíamos definitivamente, que su ciclo vital se acababa. Fue en esos momentos en que apareció este escrito.
EliminarUn fuerte abrazo.
Teo.
Al igual que a Francisco, leyéndote mi querido amigo, a mi también me han conmovido tus letras -auténtico y merecido homenaje a un ser único y tan querido- acercándome a través de ellas a comprender la grandeza de estos seres que lo dieron todo por nosotros en unos tiempos que para ellos no fueron fáciles.
ResponderEliminar¿Cuantas enseñanzas, cuantos recuerdos, ... cuanta vida?
Con todo lo vivido, ahora los vemos (yo a mi madre todos los días, tan mayor, tan dependiente, tan vulnerable...) reconociendo su mérito, su valor, su lucha, reconociendo tanto amor como "pusieron" en nosotros.
El tiempo pasa, y efectivamente, observamos desde nuestra obligada distancia, como la vida "se los va llevando"; para unos ese viaje se manifiesta con el lento olvido; para otros, entre las neblinas de los recuerdos; desde los silencios, las miradas y las delicadas y tenues sonrisas para otros. Para todos, los días van pasando y comprendes que para ellos el nuevo amanecer lo es todo, es la digna presencia, es la razón de su existir. Es su altar donde de nuevo entregarse a su destino eterno y único.
Nosotros, callados, con la pena que nos atraviesa el alma, somos sus testigos, y también sus cómplices cuando sus manos aún tienen la fuerza para el mimo, la suave caricia. Somos la parte de ellos que aquí quedará para seguir honrando su memoria.
Un abrazo fuerte mis querido y entrañable amigo.
Amigo, Juan Antonio, ¡qué decirte!Sé que estás en ello porque alguna vez lo hablamos. Hablas de todo ello y sacas a relucir algo que a mí se me olvidó: las caricias, el mimo, los besos, como algo de suma importancia para ellos y también para nosotros: nunca nos dimos tantos mimos mutuos como en esos años terminales... Te agradezco profundamente esta solidaridad con lo escrito. Ánimo para seguir al tanto de los cuidados que necesite tu madre. Fuerte abrazo.
EliminarTeo.
Es un conmovedor escrito, Teo. Y más me conmueve aún tu comprensión, cómo has captado cada instante de su vida, cómo has sabido de sus ausencias, cómo has comprendido el destrozo de su propia vida, cómo te has dado cuenta cuando ella se buscaba a sí misma sin encontrarse. Contradicciones de la vida, porque si ella hubiera sabido de tu inmensa comprensión tal vez se hubiese mejorado. Aunque uno no sabe si es mejor que no se den cuenta de lo que sucede o si en su errático acontecer, se sufre más o menos, teniendo momentos de plena lucidez, que también se apaga en cuanto queremos atraparla con el corazón ansioso.
ResponderEliminarUn abrazo grande, querido amigo Poeta.
Norma Aristeguy, amiga, gracias por participar de estas sensaciones y experiencias expresadas como buenamente uno siente y sabe. Sé que son algo común a todos los que hemos tenido que dedicarnos a nuestros padres en su vejez, posiblemente más radical la sensación cuando es la madre, fuente de sostenimiento y de vida. Doloroso es verlos marchar tan lentamente, tan día a día durante años a pesar de que reconforta que esa ausencia mentalmente ya no les hace daño y se van con toda la naturalidad de quien cerró su ciclo vital. Gracias, sí. Fuerte abrazo.
ResponderEliminarTeo.
No sé, Teo, si he leído jamás, un texto, no sé cómo llamarlo, tan hermoso, tan conmovedor, tan sencillo y real, tan sencillo y difícil. No quiero llorar, Teo, No. Gracias, Teo, por ser quien eres.
ResponderEliminarTú sí que me has emocionado mucho con tus palabras, amiga Raquel Arto. He visto cómo asumías el escrito, cómo lo sentías bien desde dentro, ¡lo que son las madres!.
EliminarGracias por acercarte al blog y dejar allí testimonio y amistad. Fuerte abrazo desde esta Barcelona que comienza a estar calurosa.
Teo.
Fuerte, muy fuerte tu historia con ella, querido Teo. Los que hemos sufrido la asuencia de la nuestra comprendemos ese alambre de sangre que se retuerce entre el recuerdo bueno y el que no lo es tanto. Ante la enfermedad uno reacciona tratando de meterse en su mundo, de llegar hasta allí dentro para rescatarla, y de alguna manera se logra, amándolas y comprendiéndolas. Bellísimos y sentidos versos, y muy profundo contenido el de tu texto. Créeme que te entiendo perfectamente. Un abrazo.
ResponderEliminarHace ya unos años, creo que van para cuatro, que nos dejó, pero su presencia queda tan marcada en la existencia de los hijos, que nuestras madres permanecen como una vital constante realidad de amor y entrega. Qué decir. Sé que son historias similares a tantas otra al perder ese referente tan importante, ese mimo, ese lugar donde volver y sentirnos protegidos. Supongo que por eso quise compartir este pots.
EliminarGratitud por compartir estos sentimientos conmigo, amiga Norma. Fuerte abrazo.
La memoria de mi madre La ame tanto sin límites. Que vida terrible la de antes. Si ella pudiera estar conmigo en mi hoy de tanta libertad y hubiera podido volar la soledad que quizas sintió en un pueblo del ayer donde las mujeres eran juzgadas....
ResponderEliminarSí no tuvieron una vida fácil, vivían muy condicionadas por el ambiente terriblemente machista de aquella sociedad. Máxime acá tras la guerra civil donde cualquier grito de libertad era fuertemente silenciado.
EliminarUn abrazo, Mucha.
Emocionado homenaje a esa Madre que nunca se olvida, Tuve la suerte de tener una Madre buena, humilde y luchadora. Nunca un mal gesto o una mala palabra. Asi eran nuestras Madres Teo. Queribles e inolvidables. Un gran abrazo
ResponderEliminarEs cierto, Raquel: es el retrato de la mía esas palabras. Abnegadas, luchadoras, trabajadoras, siempre estaban ahí, a veces sin tiempo para poder atendernos debidamente como hubieran querido. Un abrazo.
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